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La hacienda de San Ignacio de Urbieta data desde principios del siglo XVIII. La fecha más antigua que se tiene registrada es 1724, sin embargo se sospecha que su construcción es anterior.

No se tienen datos precisos de los fundadores de la hacienda aunque se sospecha que fue la orden de la Compañía de Jesús quien dominaba la región del Valle del Amatzinac los que iniciaron la construcción de esta bella hacienda.

En la región del Valle del Amatzinac las haciendas tienen sus inicios tentativos desde el siglo XVI, sin embargo no se formaron latifundios importantes en el valle del Amatzinac durante el siglo XVI y XVII. Por el contrario, los propietarios particulares y las instituciones religiosas, principalmente la Compañía de Jesús pasaron todo el siglo XVII y principios del XVIII peleando por el control de la tierra y del agua. Sólo después de la primera década del siglo XVIII los Jesuitas controlaron la tierras necesarias para la formación de un futuro latifundio.

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Posteriormente, después de la expulsión de los Jesuitas de la Nueva España en el año de 1767, la Hacienda de San Ignacio junto con la Hacienda de Santa Clara de Montefalco fueron incorporadas a la Hacienda de Santa Ana Tenango, convirtiéndose estas en el siglo XIX en las productoras azucareras más importantes del país, dominando los pueblos de Tlanahuac-Chalcatzingo.

Los inicios del complejo industrial azucarero Santa Clara – Santa Ana – San Ignacio se remontan a 1616, cuando Don Pedro Cortés, nieto del conquistador y Cuarto Marqués del Valle, arrendó tierras a Don Pedro de Aragón quien establece el primer trapiche el 20 de octubre de 1618 en lo que es hoy la Hacienda de Santa Clara de Montefalco. Posteriormente en 1640, Luis Rebolledo establece el primer trapiche en la Hacienda de Santa Ana Tenango. Durante el siglo XVIII siguieron floreciendo y modernizándose este conjunto de haciendas, las cuales se consolidan en una unidad industrial alrededor de 1740. Manteniéndose en diversas familias hasta llegar a 1908-1909, en donde el Valle del Amatzinac era dominado por un solo propietario, Luis García Pimientel, quien controlaba estas tres haciendas y sus dependencias, las cuales cubrían 68,157ha. Incluyendo prácticamente todo el Valle del Amatzinac, convirtiéndose en el mayor latifundio de Morelos.

Durante la Revolución las fuerzas Zapatistas incendiaron la Hacienda de San Ignacio, la cual permaneció en ruinas hasta 1960, en donde su anterior propietario inició la reconstrucción de esta. Actualmente esta bella hacienda, construida originalmente como una fábrica de azúcar, ha sido convertida en un lugar de descanso con un sin número de bellos rincones y detalles que permiten disfrutar del clima del lugar en un ambiente inigualable de paz y tranquilidad, escuchando de vez en cuando alguna de las historias y leyendas que todavía circulan entre la población.